La eliminación contra Banfield dejó bronca en San Martín, pero también varias conclusiones futbolísticas que Andrés Yllana seguramente tendrá en cuenta para el duelo del martes frente a Gimnasia de Jujuy. Una de las principales parece bastante clara: el equipo que jugó en Salta difícilmente sea el mismo que salga desde el arranque en La Ciudadela. Todo indica que el entrenador volvería a apoyarse en la base que venía de ganarle a Atlético de Rafaela, un equipo más equilibrado desde lo físico y también más natural en la distribución de posiciones. Sin embargo, la actuación en el Padre Martearena dejó futbolistas que podrían empezar a meterse seriamente en la discusión.

El caso más evidente probablemente sea el de Tiago Peñalba. El defensor salteño respondió con mucha firmeza en la línea de tres, mostró personalidad para anticipar y además tuvo claridad para salir jugando. En un contexto de alta exigencia, dio sensación de seguridad y terminó siendo uno de los puntos altos del equipo. Su rendimiento podría abrirle una puerta pensando en el duelo contra el líder.

También Laureano Rodríguez dejó una imagen positiva. Jugando como volante central más posicional, logró equilibrar al equipo durante gran parte del partido. Recuperó, ordenó y simplificó cada intervención. En un encuentro como el que se imagina contra el “lobo jujeño” -más físico, trabado y disputado en la mitad de la cancha- su perfil parece encajar naturalmente.

Lo positivo

El análisis más profundo para Yllana probablemente pase por el funcionamiento colectivo y no solamente por los nombres.

Contra Banfield, San Martín jugó quizás uno de sus mejores primeros tiempos del año. El 3-4-3 funcionó porque el equipo logró presionar alto, ocupar bien los espacios y atacar con mucha agresividad. Alan Cisnero volvió a convertirse en el futbolista más desequilibrante, Benjamín Borasi encontró espacios moviéndose detrás del “9” y Nicolás Ferreyra condujo la defensa con autoridad. Durante más de una hora, el “Santo” manejó el partido y prácticamente no sufrió situaciones claras.

La presión alta fue uno de los puntos más fuertes. Laureano Rodríguez sostuvo el equilibrio delante de los centrales y Santiago Briñone colaboró empujando al equipo hacia adelante. Además, Elías López aportó profundidad por derecha y obligó constantemente a Banfield a retroceder. Ahí estuvo la mejor versión de San Martín: agresivo, intenso y jugando lejos de su arco.

El desgaste

Sin embargo, el desarrollo también dejó señales que el cuerpo técnico deberá leer con atención pensando en el “Lobo” jujeño. La primera tuvo que ver con el desgaste físico. San Martín sostuvo una intensidad altísima durante gran parte del partido y varios futbolistas llegaron muy exigidos al tramo final. Ahí quizás apareció uno de los errores de Yllana: los cambios tardaron en llegar y Banfield empezó a crecer justo cuando el “Santo” ya no podía sostener la presión inicial.

El retroceso del equipo no fue casual. Elías López empezó a perder energía para sostener las subidas y Alan Cisnero quedó demasiado aislado para liderar las transiciones ofensivas. Además, Borasi comenzó a retroceder demasiados metros para entrar en contacto con la pelota y Luca Arfaras terminó completamente solo contra los centrales rivales.

El caso “Caco” García

Del otro lado, Matías García tampoco terminó de acomodarse dentro del esquema. Su función fue híbrida: por momentos actuó prácticamente como lateral izquierdo para equilibrar las subidas de Rodríguez-Cisnero y en otros intentó posicionarse como carrilero. Pero nunca logró sentirse cómodo. Le costó proyectarse con claridad y también sufrió cuando Banfield adelantó líneas y empezó a exigirlo en los retrocesos.

Ese detalle no parece menor pensando en Gimnasia de Jujuy. Porque si Yllana decide volver a utilizar línea de cinco o carrileros, necesitará futbolistas que puedan sostener el ida y vuelta durante todo el partido.

Justamente ahí podrían empezar a ganar terreno otros nombres. Jorge Juárez, por ejemplo, ofrece más despliegue y agresividad para recorrer la banda. Tarea que demostró durante el triunfo contra Atlético de Rafaela.

Lucas Diarte también podría darle un perfil más natural al sector izquierdo si el partido exige mayor solidez defensiva. Incluso no habría que descartar que el DT vuelva directamente a una línea de cuatro para poblar más la mitad de la cancha y evitar el desgaste que sufrió el equipo en Salta.

Lo que se viene

Además, el contexto del martes será completamente distinto. Gimnasia de Jujuy probablemente proponga un partido mucho más cerrado, más físico y más emocional. No habrá tantos espacios como los que dejó Banfield durante varios pasajes del primer tiempo y el margen de error será mínimo. Por eso, más allá de los nombres, San Martín necesitará recuperar algo que perdió en el complemento en Salta: la capacidad para sostener protagonismo cuando el partido empieza a cambiar.

Porque el gran problema del “Santo” no fue futbolístico durante gran parte del encuentro. El problema apareció cuando dejó de atacar y empezó únicamente a defender la ventaja. Ahí el equipo perdió agresividad, retrocedió demasiado y terminó jugando cerca de su arco.

Yllana seguramente deberá tomar nota de eso. El martes no sólo estará en juego la recuperación anímica tras la eliminación en la Copa Argentina. También aparecerá una prueba táctica importante para un equipo que demostró tener herramientas para competir, aunque todavía necesita mejorar la lectura de los momentos del partido, administrar mejor el desgaste físico y encontrar variantes cuando el contexto cambia.